Por William Méndez Garita
La desinformación ya no circula solamente en cadenas anónimas ni en sitios marginales. Hoy se mueve a la velocidad de las redes sociales, se camufla entre datos verdaderos, reutiliza imágenes fuera de contexto y se potencia con herramientas de inteligencia artificial. Frente a ese escenario, el periodismo vuelve a una regla básica: verificar una y otra vez antes de publicar.
Ese fue el eje de la charla “Verificación y fact-checking en tiempos de desinformación”, organizada por Punto y Aparte con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer Stiftung y la participación de los expositores Darío Chinchilla, de Doble Check; Nira Dinerstein, de Chequeado; y Elodie Martínez, de la agencia AFP.
Uno de los puntos más reveladores fue la desigualdad entre quienes producen desinformación y quienes intentan combatirla. “La mentira puede ser barata, rápida y emocionalmente atractiva; el periodismo, en cambio, requiere tiempo, método y recursos. Por eso, los periodistas no solo deben desmentir contenidos falsos, sino también explicar cómo llegan a sus conclusiones”, explicó Darío Chinchilla.
La charla también advirtió sobre el impacto de la inteligencia artificial. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude pueden ayudar a ordenar información, comparar indicios o apoyar procesos de geolocalización. Pero en criterio de la periodista Martínez, no deben ser tomadas como prueba definitiva. “La IA puede ser una aliada, no un reemplazo del criterio periodístico … Un efecto positivo es que como ya la gente no sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso están volviéndose poco a poco a los medios tradicionales”, recalcó.
Entre las herramientas y recursos mencionados para periodistas aparecen:
- InVID-WeVerify: extensión para verificar imágenes y videos difundidos en redes sociales, extraer fotogramas clave y rastrear posibles usos previos.
- ImageWhisperer: herramienta de apoyo para analizar imágenes y detectar posibles manipulaciones o contenidos generados con inteligencia artificial.
- SynthID, de Google DeepMind: sistema para marcar e identificar contenidos generados con inteligencia artificial. Debe usarse como indicio, no como prueba definitiva.
- ChatGPT, Gemini y Claude: modelos de inteligencia artificial que pueden ayudar a ordenar información, comparar respuestas o iniciar búsquedas, pero no reemplazan la verificación periodística.
- Cursos digitales de AFP: módulos gratuitos de formación para periodistas y estudiantes sobre investigación digital, verificación y desinformación.
Los casos analizados mostraron que la desinformación no siempre nace de una mentira fabricada. A veces surge de una mala interpretación de datos reales. Un ejemplo fue la discusión sobre cobertura forestal en Costa Rica, donde cifras repetidas públicamente se habrían distorsionado por no revisar el origen, la metodología y el contexto de los estudios. La lección es clara: incluso los datos que parecen repetidamente en informaciones o estudios deben ser verificados.
Para las redacciones, los expositores dejaron una serie de recomendaciones concretas:
- No saltearse pasos básicos de verificación, aunque la presión por publicar sea alta.
- Desconfiar de capturas de pantalla o contenidos sin origen claro.
- Pedir documentos originales y revisar la fuente primaria de los datos.
- Consultar fuentes oficiales, sin dejar de contrastarlas con otros registros disponibles.
- Dejar documentado el proceso de verificación, para que la audiencia pueda entender cómo se llegó a una conclusión.
- Corregir de forma transparente cuando se cometan errores.
Chinchilla recalcó que la credibilidad no depende solo de acertar, sino también de mostrar cómo se trabaja.
La formación de audiencias fue otro eje central. Nira Dinerstein, de Chequeado, defendió la alfabetización mediática desde edades tempranas y también en la formación docente. Su punto es que la ciudadanía aprenda a preguntarse quién publica una información, qué evidencia presenta, qué emociones busca provocar y por qué convendría esperar antes de compartir.
En un ecosistema donde las plataformas priorizan la atención y no necesariamente la verdad, el periodismo tiene un desafío doble: verificar mejor y enseñar a verificar. Combatir la desinformación no consiste únicamente en desmentir falsedades, sino en fortalecer hábitos públicos de duda, método y responsabilidad.
Para quienes se forman en periodismo, la recomendación final es simple y exigente: antes de publicar, detenerse; antes de compartir, comprobar; antes de confiar, preguntar por la fuente. En tiempos de ruido, verificar sigue siendo una de las formas más concretas de defender el oficio.

