María Isabel Solís: “El periodismo es eso: resolver cosas, movilizar y educar”

Por Nicole Muñoz Morales, estudiante de periodismo de la Universidad Latina

  • Epígrafe: Comunicadora de salud y primera máster en salud pública de Costa Rica
  • Un viaje en panga y sin chaleco salvavidas hacia la Isla de Chira cambió el destino de una comunidad e ilustra la esencia de sus casi 50 años de trayectoria: el periodismo responsable como herramienta para visibilizar, proteger y salvar vidas.

Un domingo de marzo, la periodista María Isabel Solís, abordó una pequeña panga en Costa Pájaros para acompañar a cinco adolescentes de la Isla de Chira que cruzaban las picadas aguas del Golfo de Nicoya con destino al colegio de Colorado de Abangares. Fue durante ese mismo trayecto en el mar que Solís notó un peligro inminente: ni los muchachos ni ella contaban con chalecos salvavidas para protegerse en medio del golfo.

En lugar de redactar la típica nota “cajonera” sobre el inicio del curso lectivo, la comunicadora decidió adentrarse en la peripecia diaria de aquellos jóvenes, durmió en una casa prestada en la isla y llevó la travesía a la portada del periódico La Nación.

Aquella cobertura no solo visibilizó el aislamiento insular, sino que desencadenó dos acciones inmediatas del Estado: la entrega obligatoria de chalecos salvavidas para los estudiantes y, años más tarde, la construcción del primer colegio en la propia Isla de Chira.

Al recordar este impacto, María Isabel sintetiza la filosofía de su carrera:

“El periodismo es eso: resolver cosas, poner temas en la agenda pública, denunciar, investigar, movilizar, educar y orientar”.

Así lo relató en una entrevista concedida al sitio de periodismo colaborativo Punto y Aparte, donde repasó una carrera de 48 años de vida laboral que abarca salas de redacción como La Nación y Repretel, jefaturas de prensa en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y el hito de haberse convertido en la primera periodista costarricense graduada de la Maestría en Salud Pública de la Universidad de Costa Rica.

Para Solís, la aventura insular no fue un simple encargo dominical, sino una apuesta por romper con el periodismo rutinario de escritorio. Tras consultar lo novedoso que traía el ciclo escolar con el jefe de operaciones del Ministerio de Educación Pública y recibir el respaldo del entonces jefe de redacción Guillermo Fernández, emprendió la travesía junto al recordado fotógrafo Mariano Matamoros.

Curiosamente, la mujer que transformó la vida de esa comunidad insular nunca planeó ser periodista; se define como un “accidente del oficio”.

En 1977, un diagnóstico de cáncer de cuello uterino en su madre paralizó la economía del hogar, obligándola a abandonar su sueño de ingresar a la Facultad de Medicina para trabajar durante el día y encontrar en el aula nocturna de periodismo una salida urgente.

Su vasta andadura profesional se forjó a pulso en múltiples trincheras. Durante sus años universitarios, combinó sus estudios nocturnos con un intenso “picadillo” de trabajos en el Consejo Nacional de Rehabilitación, la Facultad de Medicina y el Colegio de Médicos, además de dar sus primeros pasos en el Semanario Universidad.

El gran despegue llegó cuando La Nación la contrató a tiempo completo, casa editorial donde laboró durante 15 años y en la que pudo especializarse en salud tras obtener una beca para cursar la Maestría en Salud Pública en la UCR y estudios de epidemiología en España.

Desde allí destapó investigaciones de gran impacto social, como la contaminación por coliformes fecales en los “bolis” escolares, el manejo de las presas de Papanicolau y la cobertura del primer trasplante de corazón en el país (1991).

Su sólida trayectoria continuó expandiéndose fuera de las redacciones impresas: laboró durante 7 años en proyectos de reforma del Banco Mundial, se desempeñó durante 2 años como jefa de redacción del programa Giros en Repretel y asumió la jefatura de prensa de la CCSS por un periodo de 15 años.

Hoy, con 48 años de vida laboral y oficialmente jubilada, se mantiene activa escribiendo comentarios de opinión y artículos especializados en salud, alzando la voz contra la infodemia y las falsedades que circulan en la era digital.

A la distancia, María Isabel Solís contempla el impacto de sus coberturas con la satisfacción de quien entiende que la comunicación es una herramienta de protección social.

Aquella panga que cruzó el Golfo de Nicoya a oscuras y sin chalecos salvavidas no solo trasladó a cinco estudiantes a su salón de clases; trasladó la atención del país hacia una comunidad olvidada.

El periodismo responsable funcionó, en última instancia, como el verdadero chaleco de seguridad para la Isla de Chira, demostrando que cuando el reportero asume su labor con rigor y empatía, las palabras tienen el poder transformador de salvar vidas.

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