A los 16 años, Daniel Salazar Murillo tocó la puerta de un medio de comunicación para preguntar si podía hacer una práctica. Oriundo de Naranjo y formado en la educación pública costarricense, tenía claro que quería dedicarse al periodismo, una profesión que le permitiría investigar, aprender sobre distintos temas y comprender mejor lo que ocurría a su alrededor. Estudió Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica (UCR) y, aunque su trayectoria tomó un rumbo distinto, asegura que nunca ha dejado de contar historias.
Hoy trabaja como Data Lead Analyst para el Atlantic Institute, con sede en Oxford, Reino Unido, donde utiliza la ciencia de datos para apoyar investigaciones y proyectos enfocados en comprender y combatir la desigualdad. Su camino hacia esta disciplina comenzó en el propio periodismo, cuando descubrió que las bases de datos y el análisis cuantitativo podían revelar historias que no siempre encontraban espacio en la agenda informativa. Desde entonces, combina herramientas matemáticas con su formación periodística para identificar patrones y explicar fenómenos sociales.
«De nada me sirve poder compartir una serie de números o una serie de gráficos si no puedo contar una historia con ellos», afirma. Para Daniel, los datos permiten descubrir realidades que suelen pasar inadvertidas y comprender problemas que van más allá de un caso individual. Durante la pandemia, por ejemplo, le llamó la atención el impacto del desempleo en las personas dedicadas a labores domésticas y de limpieza, un grupo especialmente afectado cuyas experiencias no siempre recibían suficiente atención. Esa mirada le permite conectar el análisis cuantitativo con las historias humanas que hay detrás de las cifras.
Aunque vive fuera de Costa Rica, Daniel sigue atento al periodismo nacional y a sus posibilidades de contribuir a la transformación social. Le preocupan las dificultades para sostener investigaciones profundas en un contexto de recursos limitados, pero también confía en la capacidad de la profesión para abrir caminos y proponer nuevas conversaciones. A quienes comienzan, les recomienda aprender de otras personas, tocar puertas y atreverse a crear nuevos espacios. Él, por su parte, espera regresar algún día al país y retomar la docencia para compartir lo aprendido con nuevas generaciones. Porque, como resume su trayectoria, cambiar las herramientas no significa dejar de ser periodista.

